Evité el Sexo Con Mi Esposo Durante 3 Años Por Vergüenza
Hasta Que Una Ginecóloga Me Explicó Qué Pasa Después De Los 40
"No era falta de ganas. Era algo mucho más simple que nadie me había explicado: a mi cuerpo le empezó a faltar algo, y en tres años ningún doctor me lo dijo así."
Llevo veinte años casada. Los últimos tres, busqué cualquier excusa para no acostarme a la misma hora que mi esposo.
No lo decidí así nada más. Cada vez dolía más y sentía menos, y no quería que él se diera cuenta. Entonces empecé a evitarlo, sin explicarle nunca por qué.
Pensé Que El Problema Era Yo
Después de los 40 empezó a arder. Luego vino la sequedad, esa que no se quita ni tomando agua todo el día. Y con esas dos cosas llegó lo que más pena me daba: un olor distinto que yo sentía que solo yo notaba, pero que traía en la cabeza todo el día.
Fui con dos doctores. Los dos me dijeron casi lo mismo: que era normal a mi edad. Ninguno mencionó la palabra estrógeno.
Lo Primero Que Cambió No Fue Lo Que Esperaba
Hay una noche que no se me olvida. Mi esposo se acercó, después de semanas de casi no tocarnos, y en vez de sentir ganas, sentí miedo. Inventé que me dolía la cabeza, aunque no era cierto. Él se dio la vuelta sin decir nada, y yo me quedé despierta pensando cuántas veces más iba a poder inventar algo antes de que dejara de intentarlo.
Eso fue lo que más me dolió de todo esto. No era solo mi cuerpo el que estaba cambiando. Era mi matrimonio, que se estaba quedando callado poco a poco, y solo yo sabía por qué.
Lo Que Me Explicó Una Ginecóloga En Roma
El año pasado, en un viaje a Italia por nuestro aniversario, terminé sentada en una cena junto a una ginecóloga mexicana que vivía allá. Le conté, casi sin querer, lo que llevaba tres años sin decirle a nadie. Me lo explicó así, con la copa en la mano:
"Después de los 40 baja el estrógeno. Y cuando baja el estrógeno, también baja algo que se llama glucógeno, que es el alimento de las bacterias buenas que viven ahí abajo. Sin ese alimento, esas bacterias se mueren de hambre y bajan en número. Ahí sube el pH, y ahí empieza todo: cambia el olor, se seca la zona, baja la sensibilidad. No son dos problemas. Es uno solo, nomás que se nota en dos lugares. Y no tiene nada que ver con que estés sucia."
Nadie me lo había explicado así en tres años de consultas de quince minutos.
Le pregunté qué se podía hacer, sin muchas esperanzas — ya había gastado dinero en cosas que no sirvieron de nada.
Me explicó que hay otra pieza en todo esto, aparte de las bacterias: cuando el ambiente cambia, el flujo se pone más espeso, y ese flujo espeso es justo donde se concentra el olor. Ahí es donde entra la bromelina. Es una enzima — su trabajo es "romper" ese espesor, aligerarlo, para que no se quede acumulado ahí todo el día. No arregla las bacterias por sí sola, pero le quita al olor el lugar donde se junta.
Me dijo que ella misma les recomendaba a sus pacientes una marca europea, Amoretta, y que ahí estaba el detalle que casi nadie explica: la bromelina que usan no es cualquier bromelina de piña. Viene de tallo de piña liofilizada de Australia, de una cepa específica — no el jugo de piña que le meten a cualquier gomita genérica.
Apunté el nombre en el celular esa misma noche, debajo de la mesa, para no tener que preguntárselo dos veces.
Por Qué Nada De Lo Que Probé Antes Servía
Y Entonces Dejé De Evitarlo
Pedí mi primera bolsa apenas volvimos a México. Dos gomitas cada mañana, estaban bien ricas.
Y después de algunas semanas, comencé a notar el cambio. Cuando esa molestia de todos los días bajó, dejé de estar calculando todo el tiempo. Dejé de decir que estaba cansada cuando no lo estaba. Mi esposo no cambió en nada, siguió siendo el mismo de siempre. La que cambié fui yo, porque ya no tenía nada que esconderle.
Dos Gomitas. Diez Segundos.
Se llama Amoretta. Son gomitas de piña, dos al día, con o sin comida.
✓ Las esporas que trae adentro ayudan a que vuelvan las bacterias buenas que se habían quedado sin comida.
✓ El espino amarillo ayuda con la lubricación de esa zona.
✓ La vitamina C ayuda a mantener el ambiente que esas bacterias necesitan para quedarse.
✓ Sin hormonas. Sin receta. Cada bolsa trae 60 gomitas, para 30 días.






